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El engaño verde

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Desde su campaña presidencial el actual jefe de Estado costarricense, Carlos Alvarado, ha hecho gran énfasis en su política y visión ambiental. Si bien no fue la mayor razón de su triunfo electoral, ha sido un tema recurrente en su discurso y administración. Varios jóvenes y académicos se han inspirado por sus intenciones e ideas de bajar emisiones y hacer de Costa Rica un faro de la des carbonización. La imagen de naturaleza, conservación ecológica y ambientalismo es una que el país ha emitido a la audiencia internacional desde ya hace varios años y forma parte del ethos “tico”. 

Esta aspiración de Alvarado le ha brindado frutos en cuanto a exposición ya que ha llevado su nombre y el del país al escenario internacional, tanto así que el jerarca ha sido destacado en la lista “100 Next” de la revista estadounidense Time. Gracias a esto y a la labor de varios sectores a lo largo de los años es que en el exterior Costa Rica es visto como un país ejemplar en cuanto a la lucha contra el cambio climático. 

Hoy en día vivimos en un mundo globalizado e hiperconectado, donde un video o publicación dirigidos a la audiencia estadounidense se puede hacer viral en distintos lugares alrededor del mundo. Sobra decir que la preocupación por el calentamiento global y la amenaza que representa para la humanidad se ha vuelto mundial y alrededor del orbe se discute al respecto. Esto ha causado que diversos sectores de la población costarricense y el partido oficialista vean con gran urgencia la lucha contra el aumento de emisiones. 

Mientras varias publicaciones y figuras públicas extranjeras elogian el proyecto de la actual administración, a nivel nacional se vive una realidad muy distinta. El desempleo, alto costo de vida, déficit fiscal y la desaceleración económica representan una gran amenaza para varias familias. El alto costo energético también ha provocado que varias empresas transnacionales dejen el país e implica un gran gasto para los negocios locales. Por otro lado, existe una contradictoria centralización de la electricidad que obstruye la existencia de un mercado competitivo y de producción privada de energías renovables. 

Si bien es noble la iniciativa que se está tomando en pro del medio ambiente, cuando se observan la data y el gran esquema de las cosas, este esfuerzo se vuelve un tanto ingenuo y extremadamente peligroso. Costa Rica representa meramente un 0.02% del total de emisiones globales; si el país decidiese duplicar las mismas no le haría ni cosquillas al problema mundial, lo mismo si las redujera en la mitad. Ni siquiera Estados Unidos como potencia mundial puede enfrentar solo este dilema, ya que China es el mayor emisor global y se proyecta que sus números sigan subiendo.

Tomando en cuenta la realidad nacional no solo en lo climático, sino también en lo económico, queda muy claro que las prioridades deberían ser mucho más distintas y que el país no se puede dar el lujo de poner frenos al crecimiento económico, que muchas veces implica aumento en emisiones. Debemos partir del hecho que el país aún tiene mucho que recorrer y que para desatar su potencial es necesario tomar medidas como la apertura del mercado energético y la explotación de recursos naturales valiosos, posiblemente empleando un modelo similar al de naciones como Noruega. 

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