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El virus totalitario

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La abrumadora evidencia señala que SARS-CoV-2, el virus que causa COVID-19, tiene sus orígenes en China, específicamente en la ciudad de Wuhan. Una de las teorías más aceptadas sugiere que el virus se originó en un mercado mojado de esta zona. La mitad de los primeros pacientes con síntomas del virus habían estado en dicho mercado, el cual fue cerrado luego de que las autoridades chinas se percataran del problema. 

Los mercados de comida al aire libre en China han servido como una cuna de enfermedades virales, ya que en ellos se aglomeran miles de animales vivos, tanto domesticados como salvajes, en jaulas unas encima de las otras. Estos sitios son totalmente insalubres ya que, al estar todos amontonados, se mezclan e intercambian heces animales, sangre y todo tipo de fluidos, facilitándole al virus saltar de especie en especie. Sin embargo, esta no es la primera vez que sucede algo así en China; la problemática con los mercados mojados no es nada nuevo y varios científicos de renombre han recomendado desde el 2004 el cierre de dichos establecimientos.

Es importante recordar el brote de SARS que inició a finales del 2002 y terminó en el 2003. Esta enfermedad, al igual que la actual, resulta de un coronavirus originado en China y ambos están relacionados genéticamente. Posterior a la propagación de SARS, el Gobierno chino decidió prohibir el comercio de animales salvajes y los eliminó totalmente de estos mercados mojados. Lamentablemente, esta prohibición no fue más que un gesto simbólico, ya que el mandato fue eliminado seis meses después

Una vez superada esta crisis, es necesario que la comunidad internacional enfoque su atención en China y sancione a sus mandatarios por su rol como propagadores del COVID-19. Las cabezas del Partido Comunista chino no solo ignoraron voluntariamente la insistencia de los expertos en prohibir los mercados mojados y la venta de animales salvajes, sino que, debido a su naturaleza totalitaria, oprimieron a la prensa y restringieron la difusión de información sobre el virus al inicio del brote. 

No olvidemos que el Gobierno Chino activamente silenciaba, arrestaba y hasta desaparecía personas que revelaran la existencia de un virus que afectaba el sistema respiratorio, con un de alto grado de transmisión entre seres humanos. Además de estos, ordenaron a sus científicos destruir información desde setiembre sobre el virus y empezaron una campaña de desinformación donde argumentaban que no había prueba de que existiera transmisión entre seres humanos, y que el virus fue causado por soldados de Estados Unidos

Es necesario que la respuesta internacional se enfoque en sanciones concretas y necesarias, no en mera publicidad en contra del Gobierno chino. Más allá de insultos baratos y acusaciones racistas, es primordial que se insista en acciones concretas como la prohibición permanente de los mercados mojados. Si bien estos se prohibieron nuevamente en enero, la historia del país nos debe dejar con escepticismo y se debe insistir en que se haga de manera eficiente y duradera. De lo contrario nos tendremos que acostumbrar a enfrentar una pandemia de estas cada cinco años. Cabe aclarar que esta crisis NO es culpa de la población china. La culpa la tiene el gobierno autoritario chino y el Partido Comunista que hasta la fecha la comunidad internacional ha tratado con guantes de seda. 

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