Buscar
Cerrar este cuadro de búsqueda.

Lecciones desde Escandinavia

john-o-nolan-6f_ANCcbj3o-unsplash

Desde ya hace varios años no se puede tener una discusión política sin que alguien mencione el modelo escandinavo. Cuando se habla de los países nórdicos pocos pueden negar su éxito y muchos, a lo largo del espectro político, suelen utilizarlos de ejemplos para vender sus políticas públicas aludiendo que serán un existo para su país. ¿Y cómo no usarlos de ejemplo? Estas naciones cuentan con índices de pobreza casi nulos, altísimos niveles de educación, salud y calidad de vida.

Si bien es cierto que estos países tienen altos impuestos, un enorme gasto público y un Estado benefactor considerablemente grande, es importante notar que mucho de esto es gracias al dinamismo que existe tanto en el sector público como el privado. Los países nórdicos se encuentran en los primeros puestos en cuanto a índice de libertad económica tanto en el Fraser Institute como en Heritage Foundation y en el índice de hacer negocios del Banco Mundial la historia es la misma. El modelo nórdico cuenta con una economía de mercado muy exitosa, mínima burocracia, regulaciones bien establecidas y poco excesivas, fuerte protección de la propiedad privada, seguridad jurídica y en general un sistema muy favorable a la creación de negocios y atracción de inversiones.

Una de las políticas que llama la atención en estos países es que ni Suecia, ni Noruega ni Dinamarca, tienen un salario mínimo estatal si no que se definen en la industria por medio de negociaciones entre los sindicatos y patronos. Los sindicatos también se oponen a la implementación de un salario mínimo ya que les quitaría su capacidad de negociar e inclusive podría bajar sus pagos actuales. Para constituir una empresa en Noruega y Dinamarca se tarda cuatro días, en Suecia ocho y en Finlandia e Islandia doce.

En cuanto a educación es interesante el caso de Finlandia que tiene una muy buen educación escolar y de colegio. Es importante mencionar que todas sus escuelas son públicas pero actúan como si fueran privadas. Las escuelas tienen la autonomía de elegir cuáles programas ofrecen y cuáles no. Estas cuentan con una base de programas obligatorios que les permite por lo general tiene mucha libertad a la hora de armar su oferta académica. Lo más importante de este modelo es que el Estado no les da una presupuesto fijo a estos centros educativos sin importar la cantidad de personas matriculadas o la calidad de la educación en tal centro como lo hacemos aquí en Latinoamérica. Sino que los centros de educación obtienen sus fondos por la cantidad de estudiantes que logren matricular. En un sistema donde los padres son libres de matricular a sus hijos donde quieran y los centros reciben sus fondos por la cantidad de matriculados se crea un incentivos de mercado donde los centros compiten por captar más estudiantes al brindar una mejor oferta académica.

En varios aspectos de estas sociedades queda como lección que tener un Estado benefactor con robusto gasto social no implica la existencia de un monstruo burocrático con programas centralizados donde muchas veces se tiene la impresión de que estos actúan en pro de los mismos funcionarios y no de la población a lo largo. Es por esto que varios países latinoamericanos deberían descentralizar sus instituciones y programas sociales e introducir mecanismos de competencia para así mejorar y agilizar enormemente las vidas de sus habitantes ya que el propósito del Estado benefactor no es mantener organismos estatales de antaño, sino asegurar una mejor vida para toda la población.

Suscríbase a nuestro Newsletter: