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La satanización del empresario

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En estos momentos de crisis, donde más que nunca se necesita un Gobierno eficaz en la defensa de la población ante el COVID-19, vemos como muchas personas salen a aplaudir los esfuerzos de distintos sectores estatales. Entre estos elogios, se destaca un video de la escena final de la película Avengers Endgame, donde los vengadores son todos miembros del Gobierno, funcionarios públicos o instituciones estatales. Tristemente, muchos se ven forzados a tomar parte en una falsa rivalidad de lo público contra lo privado y lanzan ataques e inclusive cuestionan la integridad de muchos actores en el sector empresarial. Cuando el país más requiere de unidad nacional, no se debe actuar de manera tan tribal y satanizar a un sector tan vital para el país, ni negar el gran aporte social que hacen las empresas y el sector productivo.

Asimismo, en un momento donde varios negocios se ven obligados a cerrar y muchos se encuentran en su punto más vulnerable, salen propuestas totalmente insensatas como las del Diputado Villalta Flórez-Estrada donde, a pesar de que ya somos un país con una altísima tasa impositiva, pide que se les exprima más para así poder recaudar más fondos para un Estado que tiene un apetito insaciable. Por otro lado, cuando el Presidente Alvarado Quesada hizo una publicación en redes sociales alabando el esfuerzo heroico del ICE por su logro de acondicionar el CENARE para combatir el COVID-19 en tiempo record, obvió totalmente el rol esencial que tomaron varias empresas privadas en esta hazaña heroica. Si bien es la labor del Presidente comunicar las acciones del sector público, es un tanto irresponsable eludir mención alguna sobre este gran ejemplo de colaboración público-privada. Desgraciadamente estos no son casos aislados, y la idea de que el empresario es “el malo de la película” predomina en las mentes de muchas personas. Estas personas que desprecian o satanizan a los empresarios e idolatran a las instituciones estatales ignoran la realidad de que un sector privado fuerte y dinámico no solo es vital para la economía, sino también es el sustento y la fuente de ingresos del sector público.

Cuando cada día hay conferencias de prensa que nos mantienen al tanto sobre la situación del coronavirus en el país es muy fácil reconocer e identificar las buenas acciones del Gobierno. No obstante, la gran mayoría de cámaras empresariales y empresarios también están proponiendo y actuando para mitigar la crisis económica que se avecina. La creatividad y unidad humana para superar la pandemia se ve en todo el mundo. 

A nivel nacional, vemos a la AED, AMCHAM y Fundación Crusa uniendo fuerzas para recaudar fondos con el propósito de adquirir dispositivos de diagnóstico y kit de pruebas para afrontar esta crisis. También vemos empresarios anunciando que no van a despedir a sus colaboradores ante el inminente desplome de sus ventas, mientras su capacidad económica lo permita. Otras empresas, en condiciones más precarias, intentan sostener a toda su planilla acogiéndose a figuras como la suspensión del contrato laboral o la reducción de jornadas laborales. En los demás países, muchas empresas, de manera voluntaria, están ofreciendo sus hoteles para hospedar a pacientes, modificando sus fábricas de carros para construir respiradores artificiales, produciendo y donando alcohol en gel en lugar de perfume y demás. 

Estos son solo algunos ejemplos de lo que ha hecho el sector privado para ayudar en estos momentos de crisis. Acciones como estas son también dignas de aplaudir, más cuando se hacen sin necesidad de coacción estatal. Es triste ver que algunas personas por su ceguera ideológica ignoran el gran aporte del empresario y el sector productivo. Si la historia sirve de ejemplo, por más de 200 años, la labor del sector privado, por medio del libre mercado han elevado nuestra calidad de vida a niveles inimaginables y nos brindan bienes y servicios que serían envidio de cualquier rey o reina de antaño.

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