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CODESA: Fracaso del Estado Empresario

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Artículo de opinión

Este artículo representa la opinión de su autor y no necesariamente la posición editorial de SOMA CR.

Parece ser que las nuevas generaciones nunca han escuchado hablar de la Corporación Costarricense de Desarrollo S.A. (CODESA) y desconocen por completo su legado.

Esto sucede porque el gobierno decide qué cosas se deben enseñar en las escuelas; por esta razón, las personas ignoran hechos importantes de la historia patria.

CODESA

CODESA se fundó en 1972 durante el tercer gobierno de José Figueres Ferrer del Partido Liberación Nacional (1970-1974). Originalmente había sido pensada como una sociedad de “capital mixto”.

Donde el 67% de las acciones debían estar en manos del gobierno y el resto en manos de inversionistas, algo que, dicho sea de paso, nunca ocurrió.

La ley constitutiva de CODESA le daba un espacio en la junta directiva a un representante de la Cámara de Industrias y otro asiento se reservaba al sector agropecuario.

¿Cómo operaba CODESA?

CODESA gozaba de amplias potestades para comprar otras empresas, otorgar avales, asumir créditos (incluso con bancos extranjeros), realizar fideicomisos, emitir títulos valores, titularizar sus activos, etc.

Es decir, funcionaba como un ente totalmente autónomo y como una casa matriz bajo la cual operaron sus subsidiarias. 

Durante el gobierno de Daniel Oduber (1974-1978), del mismo partido Liberación, quien fue el padre intelectual de CODESA y exvicepresidente de la Internacional Socialista, la corporación llegó a controlar importantes industrias nacionales.

Entre las más grandes “empresas” bajo el paraguas de CODESA estaban:

CATSA (Central Azucarera del Tempisque S.A.) la más grande del país.

CEMPASA (Cementos del Pacífico S.A.) que abastecía el 70% del mercado nacional.

ALUNASA (Aluminios Nacionales S.A.) que suplió el 30% del mercado.

ALCORSA (Algodones de Costa Rica S.A.) la más grande desmotadora de algodón del país.

Cementos del Valle otra cementera que había sido fundada por particulares y después comprada por CODESA.

TRANSMESA (Transportes Metropolitanos S.A.) la empresa de transporte público más grande del Valle Central

FERTICA (Fertilizantes de Centroamérica) una planta de fertilizantes.

FLEMAR (Fletes Marítimos S.A.)

Tempisque Ferry Boat (Una empresa de transbordadores)

DAISA (Corporación para el Desarrollo Agroindustrial S.A.)

Sin embargo, CODESA no solo actuaba como una gran casa matriz, sino que asumió también el papel de ser un  “socio” o inversionista en algunas empresas nacionales.

Estas eran las llamadas  “empresas asociadas” en las cuales CODESA era un importante accionista.

Por ejemplo:

CABSHA (una empresa de chocolates).

LACSA (una línea aérea “nacional”)

SANSA (otra línea aérea)

Aceros Técnicos (una metalúrgica)

Fibras Nacionales S.A. (una textilera)

Asociación Bananera Nacional (una corporación de productores de banano)

Cafetalera Industrial del Valle (un ingenio de café)

CONAPROSAL (una productora de sal)

La ley orgánica de CODESA le prohibía a la corporación la venta de sus acciones o de sus subsidiarias a extranjeros y la venta a cualquiera de sus “empresas estratégicas” como las cementeras.

¿Por qué se creó CODESA?

La filosofía detrás de CODESA se puede resumir así: “¿para qué importar aluminio si lo podemos producir en el país y crear empleos?”

A esto se le conoció como el modelo de “sustitución de importaciones” impulsado desde los años 60 en país. 

Además, se creía que el gobierno debía incursionar en aquellos sectores en los cuales el empresario no quería arriesgar su capital. 

También se pensaba que liberando a las empresas estatales de todo control gubernamental, estas podrían competir en igualdad de condiciones con el sector privado.

Se asumió como cierta la errónea idea (fallida también en muchos otros países) que una “empresa estatal”, podría ser igual de eficiente que una empresa particular.

A lo largo de sus 25 años de existencia las pérdidas de CODESA fueron estratosféricas. En su último año de operación (1997) sus pérdidas se calcularon en cientos de millones de dólares de aquella época.

El legado de CODESA fue empobrecer al pagador de impuestos, el cual fue obligado a pagar la cuenta final, con las emisiones de dinero que hizo el Banco Central de Costa Rica para cubrir sus pérdidas. 

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