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Los síntomas del virus

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Artículo de opinión

Este artículo representa la opinión de su autor y no necesariamente la posición editorial de SOMA CR.

Mucho se ha hablado en días recientes del Covid-19 y la existencia de una población asintomática, es decir, personas que pueden estar padeciendo el virus, pero no muestran síntomas, contagiando sin darse cuenta a otros.

¿Pero existirán acaso contagiados no evidentes? Porque si vemos el acontecer nacional de los últimos tres meses, es notorio el aumento de casos de personas con estupidez terminal, comportamiento de oveja y abierta negación de la realidad. 

LOS ESTÚPIDOS. 

Este síntoma lo podemos observar manifestados con fuerza en todos aquellos que ordenan medidas sin explicación alguna base científica o análisis, imponiéndoselas a los demás individuos. 

Por ejemplo, actualmente se permite transitar usando vehículos solo en una franja horaria de 5 a.m. a 10 p.m. y no todos los días de la semana. 

Similar ocurre con el uso de playas, estando estas abiertas en horario de 5 a.m. a 8 a.m. De igual manera sucede con el caso de los locales comerciales, debiendo estos cerrar atención al público a más tardar a las 7 p.m. los fines de semana. 

Si alguien decide salir, ya sea solo o en su burbuja “antisocial” fuera de esa franja, se expone a severas sanciones. Así las cosas, pareciera ser que, para los impulsores de estas medidas, el virus tiene horarios de ataque, estando el resto del día guarecido.

Ahora bien, no soy epidemiólogo, pero es bastante obvio que andar en carro y burbuja es más seguro para evitar contagiar y ser contagiados a diferencia de tener que compartir espacio en un bus.

También es evidente que, si abren playas o locales en una franja limitada, los interesados van a ir en masa a utilizar el servicio durante las horas de apertura, aumentando los chances de contagio. Pero para quienes tienen este síntoma, no hay razones que valgan.

LAS OVEJAS. 

Este síntoma es el más común. La mayoría de la población costarricense parece padecerlo en estos momentos. Lo vemos en aquellas personas que aplauden ciegamente toda decisión y orden promovida por las autoridades, sin importar qué tan estúpida sea.

Quienes lo tienen, suelen decir cosas tales como: “Es que la gente no hace caso” (Los respetuosos). “Esperemos que su familia no ocupe un ventilador” (Los pasivo-agresivos). “¡Ojalá le dé Covid y se muera por irresponsable!” (Los más directos).

Algunos, cual víctimas de un secuestro, hasta han empezado a ver guapos o hasta presidenciables a quienes les dan órdenes e imponen medidas sin explicación alguna. 

Para quienes están contagiados, cualquier pensamiento crítico en contra del gobierno o sus autoridades es peor que pecado; y quienes se atreven a pensar diferente son cómplices del virus y por lo tanto un enemigo a quien se debe atacar.

LOS IRRACIONALES. 

Este síntoma es el menos común de los tres, pero quizás el más dañino. Se manifiesta en una negación absoluta y total de la realidad y sus reglas. 

Quienes lo padecen suelen defender cosas como mayor deuda y préstamos para Costa Rica, sin importar las duras condiciones financieras internacionales o las circunstancias internas del país. 

Los podemos ver aprobando préstamos en la Asamblea Legislativa o defendiendo proyectos vanidad como un tren eléctrico, el cual está previsto funcione con déficit que deberá ser financiado con más impuestos de todos los costarricenses. También en la defensa de un sector público que ha seguido comiendo caliente tres veces al día y no ha sufrido recorte alguno durante esta pandemia. 

Los más delirantes, salen a defender nuevos y mayores impuestos, en una economía que se mueve tan lento como un glaciar flotando, a la espera de hundir al RMS Costa Rica. 

EL FINAL. 

Así, mientras las medidas absurdas y restrictivas de la libertad siguen, las mayorías las aplauden y algunos sacan provecho de las circunstancias para su beneficio; es claro que las víctimas del virus son más que los anunciados diariamente en la plaza pública del medio día. 

Los verdaderos efectos del Covid los veremos en unos meses, cuando gracias a los estúpidos, las ovejas y los irracionales, la ya precaria situación económica en la que ya nos encontramos empeore. 

Ya somos la segunda nación de Latinoamérica que más riesgo país paga en sus bonos a los inversionistas. Quizás, gracias al virus y sus contagiados no evidentes, finalmente logremos tener el primer lugar.

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