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La historia de dos emprendedores

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Artículo de opinión

Este artículo representa la opinión de su autor y no necesariamente la posición editorial de SOMA CR.

En una ocasión, 2 amigos, «Juan» y «Pedro», tenían la intención de crear una empresa en Costa Rica. Ambos querían entrar a competir en la misma industria: la venta de zapatos. Pero no lo harían juntos, sino cada uno por aparte. 

Como Juan y Pedro conocían la industria ya que fueron compañeros en la Junta Directiva del Principal competidor del mercado de los Zapatos en Costa Rica, tenían más o menos la misma red de contactos, la misma experiencia y además ambos tenían aspiraciones similares con sus emprendimientos.

Al inicio de año fiscal, Juan y Pedro ya habían logrado hacer los trámites correspondientes a nivel Legal, ambos tenían sus empresas registradas formalmente y habían iniciado con el trabajo correspondiente para lograr las metas que se habían propuesto.

Juan aspiraba a obtener un margen de ganancia de 130 millones en el año. Pedro por su parte aspiraba a ganar 150 millones en el año.

Juan era una persona sumamente esforzada. Pedro también, sin embargo, nunca podría igualar a Juan en cuanto a compromiso.

Ambos lucharon incesantemente por conseguir capital inicial, alquilar locales, contratar al mejor personal posible, hacer las mejores alianzas con proveedores, diseñar las mejores estrategias de ventas…

Sin embargo, cada día Juan trabaja 14 horas, mientras Pedro trabaja solamente 10 horas.

En las 4 horas de más, Juan se preocupaba por cuidar cada detalle, revisaba personalmente la pintura de cada tienda, chequeaba los inventarios para evitar extravíos, hablaba con su personal para capacitarlo, conversaba con sus líderes para conocer sus aspiraciones personales y mantenerles motivados y enfocados.

En síntesis, ambos habían luchado muy duro, sin embargo Juan había hecho un poco más de esfuerzo que Pedro. 

Otra ventaja que tuvo Juan al iniciar, es que a lo largo de su carrera profesional había conseguido ahorrar algo de dinero, mientras que Pedro no ahorró porque decidió vivir el momento y disfrutar el 100% de sus ingresos de manera inmediata. Juan también fue algo más arriesgado al invertir todos sus ahorros en el nuevo negocio. 

Después de haber logrado cumplir con todos los requisitos de arranque, conseguido la inversión inicial y trabajado muy duro en todos los detalles, ambos emprendedores iniciaron su camino.

Un año después, habiendo cumplido su primer año fiscal, ambos empresarios presentaron su cierre contable al Ministerio de Hacienda. Juan estuvo cerca de su meta, logró una ganancia de 116 millones de colones. Mientras que Pedro, si bien no estuvo tan cerca, no tuvo tampoco un mal año, pues generó una ganancia de 109 millones de colones.

Al presentar ambos su declaración de renta, se dieron cuenta de que el gobierno les estaba cobrando un porcentaje sobre sus ganancias.

Entonces, en ese momento, Pedro se enfadó y argumentó que ya habiendo pagado todo lo que la ley exige, y habiendo generado impuestos para el gobierno en cada venta que hizo durante el año, más cargas sociales y demás pagos, no consideraba justo que el gobierno quisiera quedarse con una parte de sus ganancias, habiendo él trabajado 10 horas al día durante todo el año, y sin haber recibido nada de parte del gobierno ni de nadie. Pedro consideraba que esto era una injusticia.

Motivado por su enojo, Pedro llamó a Juan y le contó su situación. Pero sorprendentemente, Juan también estaba molesto por las mismas razones.

Sin embargo, ambos concluyeron que no había nada qué hacer. Tocaba que pagar esos impuestos. Aceptar el robo legalizado.

Al momento de llegar a esa conclusión, Pedro hizo un comentario:

– Juan, no puedo creer que he trabajado 10 horas al día todo el año para obtener mis ganancias y ahora me quieran quitar un 25% de las mismas.

En ese momento, Juan, incrédulo responde:

– Por qué dices que un 25? A mí me están quitando un 30%. Y te cuento, yo trabajé más que tú, fueron 14 horas diarias todo el año. Fui muy cuidadoso con los detalles y sumamente disciplinado.

Ninguno de los 2 sabía la razón de tal diferencia. Cuando consultaron con su amigo contador, este les explicó que la diferencia se debía a que en Costa Rica, quienes producen más deben pagar más.

Entonces, Juan y Pedro, aún incrédulos, sacaron las cuentas y se enteraron de que a Pedro le iban a quitar 27,25 millones de colones en impuestos. Mientras que a Juan le iban a quitar 34,8 millones.

Al momento de sacar las cifras finales, después de impuestos, a ambos empresarios les quedó una ganancia neta aproximada de 81 millones de colones.

Cuando los 2 colegas compartieron las cifras en su sospresa por el robo gubernamental, en ambos se generaron sentimientos distintos.

Por una parte, Pedro se sintió algo satisfecho. Pues a pesar de no lograr su meta, logró lo mismo que Juan, habiendo trabajado menos.

Pedro entendió que era algo «inteligente» mantener una producción no tan alta. Por lo que desechó la idea de contratar más personal y buscar hacer crecer su negocio con base en el modelo de Juan. También pensó que si en algún momento su producción subía demasiado, pediría a su contador que hiciera algunos «arreglos» para que los gastos fueran más altos y pudiera ahorrarse un porcentaje importante de impuestos. 

Juan, por el contrario, se sintió decepcionado. No podía creer que después de tanto esfuerzo, tuviera que soportar haber ganado lo mismo que alguien que trabajó menos. Y por la cabeza de Juan, jamás pasó hacer ningún arreglo. Era una persona honrada y sumamente transparente. 

Juan no se quedó con las ganas de cuestionar lo que, a su juicio, era una injusticia. Por lo que llamó al Ministerio de Hacienda a pedir una explicación.

Y esta fue la explicación:

» Señor, usted vive en un país con un sistema de impuestos progresivo, en el que el que produce más, paga más para ayudarle a los que tienen menos, por eso, lo que a usted le sucedió responde a una visión justa de la sociedad, es una forma de redistribuir la riqueza que usted ha acumulado gracias al aporte de quienes se han quedado sin nada. Recuerde que usted es rico gracias al sacrificio de otros «

Juan encontró tan carentes de sentido estas palabras, que para no tener que discutir, colgó el teléfono. Nunca jamás pensó que alguien fuera capaz de pensar que su riqueza provenía del sacrificio de otros. Pues para él, la riqueza era simplemente el resultado del ingenio y la creatividad para diseñar un sistema capaz de satisfacer una necesidad a la sociedad. Y siempre había entendido que si cada año hay más dinero en el mundo, lo lógico es pensar que la riqueza es ilimitada, por tanto, la pobreza no es por falta de recursos, sino por falta de libertad para explotar al máximo la creatividad y capacidad de cada quien. 

Pero, al verse en esta situación, y habiendo recibido esta respuesta, Juan sintió que probablemente si mencionaba su forma de pensar, sería tratado como un tonto. 

Al otro día, Juan despidió a todos sus empleados. Tomó su capital, su conocimiento, su red de contactos y se marchó a un país en el que el Ministerio de Hacienda le prometió que sin importar lo que produjera, siempre iba a pagar un porcentaje de impuestos igual al que pagaban los demás.

Además, en el otro país le prometieron que la cantidad que cobrarían de impuestos era mucho más baja. Y que como si eso fuera poco, le darían todas las facilidades posibles para que su empresa fuera formalizada en cuestión de horas.

Juan se prometió a sí mismo, aún sin entender lo que significaba esa frase, que jamás volvería a hacer negocios en un país con un sistema de impuestos progresivo. 

Finalmente, Costa Rica se quedó con Pedro, quien estabilizó su producción en el punto en que se sintió cómodo.

Mientras que otro país se quedó con Juan, quien no sólo logró establecer su empresa, sino que abrió nuevas líneas de negocio con el dinero que se ahorró en impuestos en el nuevo país, para lo cual contrató muchas más personas y se convirtió en una fuente de empleo para muchas familias.

Fin de la historia.

Cuidado con esos que andan propiniendo impuestos progresivos. Son abusivos, son mentirosos, son hipócritas. No quieren ayudar a la economía, no quieren generar empleo, no quieren crear riqueza para el pueblo. Lo que quieren es mantener la pobreza para seguir teniendo clientes electorales. Y a su vez, asegurarse el «puestico» en el gobierno ganándose la simpatía de la masa con un discurso seductor al estilo «Robin Hood». Cuidado con lo que hacemos: en Costa Rica se cobran muchos impuestos, para formalizar un negocio se tardan 138 días de trámites y permisos en promedio; y le ponemos todo tipo de trabas a las empresas.

Si queremos ser un país desarrollado, eso debe cambiar.

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