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El caso contra el sistema de educación pública actual

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Artículo de opinión

Este artículo representa la opinión de su autor y no necesariamente la posición editorial de SOMA CR.

Nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que es mejor para nuestra singularidad y nuestras vidas, nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que nos hace felices, y nadie sabe mejor que nosotros mismos lo que es mejor para nuestro futuro. Solo nosotros mismos en libertad podemos tomar las decisiones importantes de nuestras vidas.

En la mecánica actual propuesta por el sistema público, los educadores son los que dictan lo que los estudiantes necesitan aprender y cómo deben hacerlo. Este es un enfoque unilateral donde el maestro dicta lo que es importante y lo que no lo es. Por eso, en este artículo quiero hablar de este problema desde mis anécdotas y desde mis experiencias.

Los maestros generalmente están dentro del sistema y la mayoría de ellos terminan siendo nada más que evangelistas del sistema mismo, haciendo que se sienta y suene aterrador hacer las cosas de manera diferente o llevar nuestras vidas en una dirección diferente a la que propone el sistema como si este fuese la verdad absoluta o la mejor solución a las necesidades de educación de las nuevas generaciones.

Es probable que usted, el lector, encuentre algunas de las cosas que estoy a punto de discutir impensables o aterradoras, ya que también es probable que haya sido moldeado por este sistema que menciono. En cualquier caso, las voces disidentes de quienes queremos romper paradigmas no suelen ser bien recibidas por quienes se enfrentan a dicha nueva perspectiva y cambio de paradigma. En este caso, tengo fe en que será diferente y ayudará a algunos a ver las cosas desde una perspectiva diferente al leer este artículo.

«La gente siempre intentará evitar que hagas lo correcto si no es convencional».

― Warren Buffett

La tiranía del educador no es un concepto nuevo. La idea del educador como figura autoritaria que impone sus valores, ideologías y creencias a los alumnos existe desde hace décadas, pero como se darán cuenta más adelante y como dice el título del artículo, mi problema no es con el educador como tal, sino con el sistema que lo gobierna.

Nací en Alajuela, Costa Rica, soy de un pequeño pueblo cerca del centro de Alajuela, y asistí a una escuela pública y un colegio público. El sistema escolar no era perfecto, pero fue lo suficientemente bueno para llevarme a donde necesitaba estar académicamente (más o menos). También fue lo suficientemente malo como para darme cuenta de que necesitaba estar en otro lugar. Aquí es donde comienza mi odisea con el sistema de educación pública, y donde abro los ojos al hecho de que ha hecho más daño que bien a muchas personas, incluyéndome a mí.

«La educación es lo que queda después de que uno ha olvidado todo lo que aprendió en la escuela. Es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación formal». 

– Albert Einstein

Las consecuencias de la jerarquía impuesta por el sistema educativo.

Tuve un par de grandes maestros que me hicieron amar aprender por aprender y eran más que simples educadores: eran mentores y amigos. Curiosamente, estos profesores a los que podía llegar a considerar amigos o con los que llegué a llevarme mejor eran profesores que tenía de forma privada, pagados por mis padres para darme clases particulares, con esto no quiero decir que los maestros del sistema público sean malos, de hecho algunos de estos maestros que tuve de forma privada, también trabajaban como maestros en el sistema público, lo que quiero decir es que existe un efecto causado por la jerarquía impuesta del sistema público, y ese es uno de los principales problemas que considero que tiene dicho sistema.

A ver, cuando tanto mis padres como yo en privado nos decidimos por un profesor u otro, con nuestro dinero, emitimos una especie de voto por el educador que mejor se adapta a nuestras necesidades y expectativas. Si algo cambia de lo que originalmente nos hizo decidirnos por él, simplemente «votamos» por otro educador o sistema. Esta jerarquía es inversa a la jerarquía impuesta por el sistema público, donde no tenemos una ruta alternativa o una puerta abierta para escapar y elegir a otro educador. Dicho de otra forma, no tenemos ni voz ni “voto”, es el estado quien decide lo que según este, es mejor para mi.

Lo anterior es algo que el educador privado tiene muy claro y presente en todo momento. Entendemos que así es como la mayoría de estos educadores se ganan la vida, por lo que no quieren perder su trabajo, que les da el sustento diario. Esto se convierte en uno de los mayores incentivos o motivaciones para hacer las cosas bien y brindar la mejor experiencia posible al estudiante.

Esto nos remite a uno de los mayores problemas que pude percibir del sistema de educación pública: la ausencia de consecuencias o incentivos para hacer las cosas de la mejor manera. Si bien es cierto que en el sistema público el educador puede tener sus incentivos personales como su vocación, su pasión por su carrera, su amor por la educación y por lo que hace, tarde o temprano todo esto termina por disminuir o ser erosionado por un sistema nefasto. Nuevamente aclaro que mi problema no es con el educador, es con el sistema y con este punto aclaro que hasta el educador termina siendo víctima del sistema fallido, no solo el estudiante.

Parece que el sistema de educación pública, más que promover las buenas prácticas, alienta las malas, ya que elimina los incentivos y motivaciones que mencioné anteriormente. En el sistema público, el educador gana una plaza y tiene la garantía de que su trabajo estará ahí de por vida. Una vez que obtiene dicho puesto, se vuelve un ser “intocable”. Por lo tanto, no importa que tan bien o mal haga su trabajo, no tiene nada que perder, esta es claramente una máquina para fabricar maestros ineficientes.

Y antes de que alguien venga a querer objetar que a estos educadores se les audita o se vigila su trabajo, les doy la noticia de que el mecanismo de control que ofrece el propio sistema es tan ineficiente como el propio sistema y toda esa estructura o ecosistema fallido que es el sistema público.

En mi tiempo en el sistema educativo público, pude observar que los que llegaban nuevos al sistema, cargados de todas sus buenas motivaciones e incentivos personales, acababan arruinados entre tantos que no eran así, o que ya estaban empequeñecidos y arruinados por el sistema. Toda esa nueva energía, talento y buena voluntad terminaba arruinada, y después de un tiempo terminábamos con otro educador víctima del sistema (por no decir otro educador inútil). Adicionalmente, este sistema jerárquico impuesto por el sistema público también dota al educador de un poder corruptor, muchos estudiantes que simplemente quieren aprender se ven envueltos en una lucha de poder que favorece la cosmovisión y la ideología del maestro o el estado. Siendo que muchas veces el propio educador es víctima de tener que impartir enseñanzas contrarias a sus propias creencias.

«Así como comer contra la inclinación es perjudicial para la salud, así el estudio sin deseo estropea la memoria, y no retiene nada de lo que ingiere».

– Leonardo da Vinci

Los efectos dañinos de la estandarización en la educación pública.

Otro factor que realmente causó molestia en mí y realmente dañó mi proceso de aprendizaje severamente, es el marco estandarizado y la falta de participación de nosotros los estudiantes en la toma de decisión sobre nuestra propia educación.

En nada ni en ninguna parte del mundo existe un «talla única» para cualquier sistema o mecanismo, sin embargo, en el sistema de educación pública, parece que todos creen que el sistema si sirve a todos por igual y que ahí sí se llegó a una solución que sirva a los estudiantes sin importar que todos los seres humanos somos infinitamente diferentes.

La educación debe ser un proceso destinado a ayudar a los estudiantes a aprender, crecer y prepararse para el futuro. No debe ser un proceso que limite a los estudiantes y su potencial. La normalización y estandarización en la educación pública acarrea muchos efectivos nocivos, por mencionar algunos:

  • Los estudiantes no tienen la oportunidad de explorar sus fortalezas y debilidades.
  • Las pruebas estandarizadas se utilizan como una medida del éxito, lo que puede generar un mayor estrés entre los estudiantes.
  • Es posible que los estudiantes que asisten a escuelas públicas con currículos estandarizados no aprovechen al máximo su educación.
  • Los currículos estandarizados no toman en cuenta las necesidades individuales de los estudiantes

“El conocimiento que se adquiere por compulsión no se arraiga en la mente.”

– Platón

Cómo el sistema destruyó mi confianza y autoestima.

Nunca fui un buen estudiante en lo que a educación pública respecta. No me gustaba la escuela y no era muy bueno en ella. Me resultaba infinitamente difícil prestar atención a algunos temas que ya sabía que no me iban a servir de nada en toda mi vida, y me resultaban aburridos también. Empecé a tener muchas dificultades en mis clases y mis notas bajaron. Mi situación es especialmente singular, ya que desde muy temprana edad pude darme cuenta de mi pasión por la tecnología y la facilidad que tenía en todo lo relacionado con ella, incluida la informática. Este punto nos devuelve a lo que mencioné anteriormente: no existe un sistema que funcione igual para todos. En alguna medida yo siempre supe lo que quería hacer con mi vida y para lo que me consideraba bueno o al menos tenía una ligera noción.

«Todo el sistema educativo y de formación profesional es un filtro muy elaborado, que elimina a las personas que son demasiado independientes, que piensan por sí mismas y que no saben cómo ser sumisas, etc., porque son disfuncionales para las instituciones». 

– Noam Chomsky

Estar constantemente frustrado con los maestros y compañeros de clase por impacientarme y sufrir cada segundo de mi existencia en la escuela me hizo cuestionar en algún momento si el problema realmente era yo, en ese momento y a esa corta edad, ¿Cuáles eran las posibilidades de que entendiera lo que estaba pasando con la claridad con la que hoy, muchos años después, puedo?

El punto anterior muestra la vulnerabilidad y el daño real al que puede estar expuesto un niño o adolescente al someterlo a un sistema que trata de encasillar a todos en el mismo marco. Este daño ha tenido un impacto muy fuerte en muchos que, a diferencia de mí, no tuvieron la suerte de poder escapar del sistema y terminaron creyéndose inútiles o concluyeron carreras y estudios para cumplir con expectativas que no eran las suyas y a día de hoy son infelices o un completo desperdicio al no estar explotando todo su potencial en el área que les correspondía y si les llenaba su vida y existencia.

«Todo el mundo es un genio. Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a un árbol, pasará toda su vida creyendo que es estúpido».

– Albert Einstein

Mi confianza y autoestima se recuperaron cuando, con mucho coraje y el apoyo de mis padres, dejé el colegio después de sólo cinco meses de haber entrado a séptimo. Aprovechando un mecanismo del mismo sistema pude continuar mis estudios de colegio desde mi casa y a mi propio ritmo. Esta libertad de elegir, me ahorró literalmente años al permitirme graduarme más rápido y, en consecuencia, concentrarme en los estudios que realmente me interesaban y en la carrera que a día de hoy tanta felicidad me ha dado y que tanto ha llenado mi vida. De hecho, era tanto el tiempo libre que ahorraba diariamente al no tener que tomar buses, aguantar «recreos» y participar en actividades innecesarias, que paralelo a mis estudios de bachillerato de colegio, pude certificarme y tomar otros cursos que me preparaban para lo que realmente demandaba el mercado laboral y me enseñaban lo que realmente quería aprender.

Enseñar para el examen vs. Enseñar para aprender.

Creo que es un punto bien conocido que hay mucha presión sobre los estudiantes para que les vaya bien en sus exámenes. El sistema se enfoca en enseñar a los estudiantes a ser capaces de responder preguntas de trabajos y exámenes anteriores. Pero esto no es suficiente para el futuro. Los estudiantes deben aprender a pensar de manera crítica y creativa, en lugar de simplemente memorizar las respuestas.

«La autoeducación es, creo firmemente, el único tipo de educación que existe».

― Isaac Asimov

Al incorporarme al mercado laboral más rápido que muchos de mis ex compañeros o amigos, pude notar el abismo de la brecha que existe entre lo que hicieron con su vida día a día, o lo que les enseñaron, y lo que está demandando el mercado laboral, fuera del mundo aislado que es el sistema educativo.

Claramente, cuando se graduaron, ingresaron al mercado laboral con una gran brecha y sin perspectiva o noción real de lo que era el mercado laboral. Esto es un daño irreversible, una pérdida de tiempo y una falla del sistema actual para los recién graduados.

La desastrosa infraestructura de los centros educativos actuales.

¿De verdad hace falta que hable de esto? literalmente muchos de estos se están cayendo a pedazos.

¿Qué pasa cuando no todos tienen las mismas oportunidades?

El Estado, en su intento de garantizar que todos tengan acceso a una buena preparación, brinda educación gratuita o subsidiada. El problema viene cuando en ese intento de llevar educación para todos y ser el garante de la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y en su intento de proteger este derecho y garantizar la calidad de la educación pública para todos, el estado acaba actuando como un educador, lo cual no es, de hecho, el estado no es más que un puñado de burócratas tomando decisiones políticas y entre las decisiones políticas y las decisiones educativas hay un abismo de diferencia y un abismo de especialización necesaria para una correcta toma de decisión que claramente esos burócratas no tienen, porque de nuevo, no son educadores, son políticos. Hablamos de que se convierte en una guerra entre burócratas y el pueblo, donde o se velan por los intereses de los políticos o los intereses de los estudiantes.

En un intento por devolver el poder y la libertad a los padres y estudiantes, los “vouchers educativos” podrían verse como una forma de dar a los padres más opciones en la educación de sus hijos. Con este modelo, los recursos que actualmente se utilizan a discreción del estado en sus propios centros educativos y cuerpo docente, serían destinados en forma de «voucher» a los padres para que tengan mayor libertad e injerencia en la toma de decisiones sobre dónde y cómo se educa a sus hijos. Pudiendo decidir entre un centro educativo u otro, siendo estos mayoritariamente de gestión privada. ¿Recuerdan el ejemplo que puse unos párrafos más arriba sobre la diferencia entre un educador que trabaja en el sector privado y uno que trabaja en sector público? Pues bien, estos “vouchers” son una solución a ese problema ya que todos pasarían a trabajar de forma privada y regidos por un sistema con incentivos y reglas en orden, sin pluses, garantías o privilegios que representen una amenaza para el estudiante y su calidad de educación.

Abrir la oferta académica a la competencia y no limitarnos a la centralización en una sola institución como lo es el MEP, sin duda, mejoraría la calidad de la educación. También permite a los estudiantes cultivar sus intereses en el estudio al proporcionarles una plataforma para desarrollar habilidades y estudiar temas de su elección, proporcionada por una oferta amplia y competitiva que estaría disponible en este mercado abierto que propone este modelo y no solo los planes de estudio de turno, que según el MEP, serían los mejores para todos.

En este modelo, se desarrollaría una competencia por parte del sector privado para ser la institución que más reciba estos “vouchers”, ya que, de ahí viene su ganancia, por lo que ese sería el incentivo para el desarrollo de instituciones tecnológicamente más avanzadas y con una infraestructura más adecuada, así como una oferta más amplia de planes de estudios o un personal docente mejor cualificado.

Sin duda hubiera optado por entregar mi “voucher” a la institución que, dentro de su oferta académica, hubiera ofrecido estudios al menos similares a lo que yo quería estudiar.

El sistema educativo está roto y necesita nuevas ideas

En mi opinión, lo único que podemos hacer para reformar la educación es eliminar la jerarquía impuesta por el estado en nuestro sistema educativo actual. Creo que esto ayudará a los estudiantes a sentirse más involucrados en su educación y los motivará más para aprender. También ayudará a los estudiantes a obtener los mejores maestros para sus necesidades. Por otra parte brinda un mayor control y potestad a los padres sobre la toma de decisión sobre lo que consideran mejor para sus hijos y cuál es la educación que deben recibir.

«Los dogmas del pasado tranquilo son inadecuados para el presente tormentoso. La ocasión se acumula con dificultad, y debemos levantarnos con la ocasión. Como nuestro caso es nuevo, debemos pensar de nuevo y actuar de nuevo».

– Abraham Lincoln

Creo que eliminar la jerarquía de nuestro sistema educativo es lo que debemos hacer para reformarlo. Devolver la libertad de toma de decisión al padre y al alumno.

El sistema educativo es uno de los factores más importantes en el éxito de un país. Tiene un efecto directo en el bienestar económico, social y político del país. La falta de reforma del sistema educativo a tiempo puede tener consecuencias nefastas, como un aumento de las tasas de desempleo y de delincuencia.

Un sistema educativo que no esté alineado con sus necesidades no podrá brindarles a los estudiantes la oportunidad de tener éxito. Es por eso que necesitamos reformas para nuestro fallido sistema educativo.

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